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Según la doctrina de la Iglesia, ¿qué principios deberíamos aplicar a las cuestiones de participación en el orden civil?

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Hay cuatro principios de la doctrina social católica que deberían aplicarse a la participación en el orden civil (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, nos. 44-56) (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, no. 160). Éstos son:

La dignidad de la persona humana es la base de una visión moral para la sociedad. Nos oponemos a toda actividad que contribuya a lo que el Papa Francisco ha denominado “una cultura de usar y tirar”.

Subsidiaridad hace el llamado para que cada persona y asociación tenga el derecho y la obligación de participar activamente en la formación de la sociedad. Las instituciones más grandes en la sociedad no deberían abrumar o interferir con las instituciones que son más pequeñas o tienen carácter local. Sin embargo, las instituciones más grandes tienen responsabilidades esenciales cuando las instituciones más locales no pueden adecuadamente proteger la dignidad humana, responder a las necesidades humanas y promover el bien común. (Centesimus Annus, no. 48; Dignitatis Humanae, nos. 4-6). La familia, como célula primordial y fundamental de la sociedad, es un santuario para la creación y crianza de los niños. Los padres de familia tienen el derecho y responsabilidad de cuidar a sus hijos.

“El bien común  indica ‘el conjunto de condiciones sociales que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y fácil de la propia perfección’ (Gaudium et Spes, no. 26). … El bien común, de hecho, se puede considerar como la dimensión social y communitaria del bien moral” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, no. 164). Cada ser humano tiene el derecho a la vida y por consiguiente, el derecho a tener acceso a aquellas cosas que requiere la decencia humana: alimento y albergue, educación y trabajo, cuidado médico y vivienda, libertad religiosa y vida familiar. La economía debe estar al servicio de la gente y no al contrario. Este principio también reconoce que tenemos el deber de cuidar de la creación de Dios, como se ha esbozado en la encíclica del Papa Francisco, Laudato Si’.

Solidaridad reconoce que somos una sola familia humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. En el ambiente crispado de las campañas políticas, es esencial que recordemos y recordemos a los demás que la misericordia es un valor fundamental. El amar a nuestro prójimo incluye el deber de acoger al forastero entre nosotros y recalcar la opción preferencial de la Iglesia por los pobres.

Vea también – ¿Cómo puede la doctrina social católica ayudar a orientar nuestra participation?


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