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La solidaridad

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La solidaridad es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por . . . el bien de todos y cada uno para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”. Se encuentra en “la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a ‘perderse’, en sentido evangélico por el otro en lugar de explotarlo, y a ‘servirlo ' en lugar de oprimirlo para el propio provecho”.xi

Somos una sola familia humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. Nuestro compromiso católico para con la solidaridad requiere que procuremos la justicia, eliminemos el racismo, eliminemos la trata de personas, protejamos los derechos humanos, busquemos la paz y evitemos el uso de la fuerza, excepto cuando sea necesaria como último recurso.

De manera especial nuestra solidaridad debe expresarse en la opción preferencial por los pobres y vulnerables. Una prueba moral para la sociedad es la forma en que tratamos a los más débiles entre nosotros: los bebés por nacer, las personas que luchan con discapacidades o enfermedades terminales, los pobres y los marginados.


xi Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, no. 193. (cf. Mateo 10:40-42, 20:25; Marcos 10:42-45; Lucas 22:25-27)


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