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El bien común

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Por bien común se entiende “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”.viii

La dignidad humana es respetada y el bien común promovido solo si se protegen los derechos humanos y se cumplen las responsabilidades básicas. Cada ser humano tiene el derecho a la vida, el derecho a la libertad religiosa, y el derecho a tener acceso a aquellas cosas que requiere la dignidad humana: alimento y albergue, educación y trabajo, cuidado médico y vivienda. A estos derechos les corresponden obligaciones y responsabilidades, para con nosotros mismos, nuestras familias, y la sociedad en general.

La economía debe estar al servicio de la gente y no al contrario. Es necesario que un sistema económico sirva a la dignidad de la persona humana y al bien común mediante el respeto de la dignidad del trabajo y la protección de los derechos de los trabajadores. La justicia económica exige un trabajo digno con un salario justo y decente, un extenso y justo programa para la legalización con un camino hacia la ciudadanía para los trabajadores inmigrantes, y la oportunidad para que todas las personas trabajen conjuntamente por el bien común mediante su trabajo, la propiedad privada, iniciativa económica, inversión, participación en sindicatos, y otras formas de actividad económica. Los trabajadores también tienen responsabilidades: realizar el trabajo que corresponde a un salario justo, tratar con respeto a los empleadores y a los compañeros de trabajo y llevar a cabo su trabajo de tal manera que contribuya al bien común. Los trabajadores, empleadores y sindicatos deberían no sólo promover sus propios intereses, sino también trabajar juntos para promover la justicia económica y el bienestar de todos.

Tenemos el deber de cuidar de la creación de Dios, o como el Papa Francisco se refiere a ella en Laudato Si’, “nuestra casa común.” (ix) Todos hemos sido llamados a ser administradores cuidadosos de la creación de Dios y de asegurar un ambiente seguro y hospitalario para los seres humanos vulnerables ahora y en el futuro. El Papa Francisco, en coherencia tanto con San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI (Mensajes para la Jornada de la Paz en 1990 y 2010), ha destacado la contaminación, el cambio climático, la falta de acceso al agua potable, y la pérdida de biodiversidad como retos particulares. El Papa Francisco habla de una “deuda ecológica” (no. 51) contraída por los países más ricos a los países en desarrollo. Y él nos llama a una “conversión ecológica” (no. 219), que implica “dejar brotar todas las consecuencias de [nuestro] encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que [nos] rodea”.(x) En efecto, esta preocupación por la “ecología natural” forma parte indispensable de la “ecología humana” más general, la cual abarca no sólo la dimensión material, sino la dimensión moral y social también.


viii Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, no. 164

ix Laudato Si’, no. 77.

x Laudato Si’, nos. 219 and 217.


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