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¿Cómo deberían los católicos sopesar las cuestiones cuando ningún candidato refleja la ética y moral católica?

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A menudo nos encontramos frente a decisiones donde ninguno de los candidatos está completamente en consonancia con la doctrina de la Iglesia. Con demasiada frecuencia, las opciones de los votantes parecen encajar en la categoría del “menor de dos males”. Los obispos plantean este dilema en Formar la conciencia para ser ciudadanos fieles:

“Los católicos a menudo afrontan decisiones difíciles sobre cómo votar. Es por esto que es tan importante votar de acuerdo con una conciencia bien formada que perciba la relación apropiada que existe entre los bienes morales. Un católico no puede votar a favor de un candidato que toma una posición a favor de un acto intrínsicamente malo, como el aborto provocado, la eutanasia, el suicidio asistido, el sometimiento deliberado de los trabajadores o los pobres a condiciones de vida infrahumanas, la redefinición del matrimonio en formas que violan su significado esencial, o comportamientos racistas, si la intención del votante es apoyar tal posición. En tales casos un católico sería culpable de cooperar formalmente con un mal grave. Pero al mismo tiempo, un votante no debería usar la oposición a un mal intrínseco de un candidato para justificar una indiferencia o despreocupación hacia otras cuestiones morales importantes que atañen a la vida y dignidad humanas.

“Puede haber ocasiones en que un católico que rechaza una posición inaceptable de un candidato incluso sobre políticas que promueven un acto intrínsicamente malo decida razonablemente votar a favor de ese candidato por otras razones moralmente graves. Votar de esta manera sería solamente aceptable si verdaderamente existen razones moralmente graves, y no para promover intereses mezquinos o las preferencias de un partido político o para ignorar un mal moral fundamental.

“Cuando todos los candidatos tienen una posición que favorece un mal intrínsico, el votante concienzudo afronta un dilema. El votante puede decidir tomar el extraordinario paso de no votar por ningún candidato o, tras deliberar cuidadosamente, puede decidir votar por el candidato que piense que sea quien probablemente menos promueva tal posicion moralmente defectuosa y que sea quien probablemente más apoye otros bienes humanos auténticos.

“Al tomar estas decisiones, es esencial que los católicos estén guiados por una conciencia bien formada que reconozca que todas las cuestiones no tienen el mismo peso moral y que la obligación moral de oponerse a actos intrínsicamente malos tiene una relevancia especial en nuestra conciencia y acciones. Estas decisiones deberían tener en cuenta los compromisos, el carácter, la integridad y la capacidad que tiene un candidato de influenciar en un asunto específico. Finalmente, estas son decisiones que cada católico debe tomar guiado por una conciencia formada por la doctrina moral de la Iglesia” (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, nos. 34-37).


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