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¿Acaso la Iglesia no debería mantenerse al margen de la política?

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Es totalment lo contrario. A los humanos, por naturaleza, nos interesa la política. Debemos colaborar el uno con el otro para prosperar, no sólo en nuestras familias, nuestros vecindarios y comunidades, sino en todas nuestras relaciones. Nuestra fe nos llama a preocuparnos tanto por el bien de este mundo como por nuestra salvación eterna, las cuales se relacionan íntimamente entre sí. Encontraremos nuestra camino hacia el cielo sólo al encontrar nuestra camino de fe en este mundo.

El Papa Francisco escribió sobre una “ecología integral” (Laudato Si', nos. 137-55) y los obispos de los EE.UU. señalan en Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles que “Sin la adecuada ordenación de las relaciones de las personas entre sí, con la creación y en última instancia con Dios mismo, el pecado se afianza. El Papa Francisco nos recuerda que todas las personas, naciónes y miembros de la comunidad global tienen el deber de poner las necesidades de los demás por delante de los deseos egoístas de poseer y explotar las cosas buenas que vienen de la mano de Dios”. (Nota introductoria) Como católicos, tenemos la obligación moral de participar en la sociedad en todos los aspectos, incluyendo en sus dimensiones cívicas y políticas.

“Nuestra redención tiene un sentido social porque ‘Dios, en Cristo, no redime solamente a la persona individual, sino también … las relaciones sociales’. Confesar que el Espíritu Santo actúa en todos implica reconocer que Él procura penetrar toda situación humana y todos los vínculos sociales … La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, no. 178).


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